Mi mundo virtual

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Invitación

Si me lo permitís, os quiero contar una historia, pero no la leáis. Vividla mientras os la escribo. Disfruto de los sueños escribiendo sobre ellos, te invito a poner imágenes a mis palabras en el Club de los poetas muertos.

Cada vez que compartes, twuiteas o simplemente reconoces que te gusta, mujeres como María pueden seguir soñando.

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Mostrando entradas con la etiqueta Historias y relatos. Mostrar todas las entradas
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domingo, 27 de diciembre de 2015

Patricia Mergö


Patricia Mergö era una mujer bella, femenina, sutil e inteligente y su rostro siempre vestía una dulce sonrisa. Mujer perseverante y tenaz, durante un largo período de su vida, olvidó las relaciones sociales y sus lazos personales para intentar alcanzar sus objetivos profesionales. 

Era una mujer actual, vital, versátil, independiente. Quizás por ello no era sencillo entablar una relación de confianza. Necesitaba que respetasen su espacio, su intimidad. Dinámica, culta, elegante y sencilla al mismo tiempo, nunca pasaba desapercibida. Segura de sí misma, se afanaba con ahínco en ocultar sus sentimientos. 

Muy pocos la conocían. Para muchos, era ese tipo de mujer inalcanzable a la que se aspira en sueños pero a la que la realidad despierta con vanas esperanzas de lograr, no ya conquistarla, sino incluso compartir con ella un instante.

Mergö era una mujer encantadora, fresca, actual. Huía de estereotipos pero se dejaba seducir por la imagen y se sabía atractiva. Le gustaba vestir con la sencillez de Pepe Jeans y su línea Andy Warhol, se decidía por los granates de Oysho para los encajes y transparencias sensuales o la personalidad alegre, libre, y valiente de los sabores mediterráneos de Desigual. Pero también disfrutaba de la mezcla de referencias e inconformismo de Jean Paul Gaultier, aunque prefería dejarse acariciar por Hermés.

Era una mujer bonita, era una mujer especial. Nació en Paris por casualidades de la vida y vivió es España hasta que sus estudios la acompañaron a visitar Estados Unidos y Canadá. Tras su estancia en Londres, donde acabó su formación, volvió a España y decidió hacer lo que realmente sabía hacer (...)

sábado, 17 de enero de 2015

La sustancia invisible de los cielos

Acabo de sentir la sustancia invisible de los cielos.

Y digo bien cuando digo sentir y no leer porque hacía tiempo que la lectura no me transmitía nada, o al menos, nada más allá del insípido significado de las palabras con las que, con mayor o menor acierto, algunos escritores, aspirantes unos, consagrados otros, han venido distrayendo a los ávidos lectores de historias que, al finalizar el regalo de un relato, se han venido resignando a esperar que alguien, por fin, los cautive y les haga vivir, sintiendo la magia de una historia.

Observaréis que escribo en pretérito, porque acabo de descubrir "La Sustancia Invisible De Los Cielos (ESPASA NARRATIVA) ", de un desconocido, al menos para mí, Ulises Bértolo, que con asombrosa maestría, conjuga con imaginación, el infinito declinar de los sentidos.

Me he sentido cautivada por el sonido de la música, la fragancia del sur de Francia, los sabores de los caldos, el tacto de las frías piedras gallegas o las magníficas vistas de un viaje en el tiempo, a través del cual, se recorre con armonía el imperio de los sentidos.

Me he sentido cautivada por el profesor Pascal, he llorado la muerte de Elena, me he obsesionado por descubrir el misterio de Vanier, me he abandonado a la elegancia erótica de un ménage à trois y me he asomado al abismo del destino de la naturaleza humana.

Simplemente magnífico. No lo leáis; vividlo, sentidlo.


martes, 2 de septiembre de 2014

Buscamos una voz que sepa transmitir un sentimiento. ¿Cómo?

Buscamos una voz que sepa transmitir un sentimiento. ¿Cómo?, visitando nuestro blog y eligiendo un relato, sentimiento o una poesía. Podéis grabar vuestra voz recitando o narrando cualquiera de nuestras entradas y colgarlas en este hilo, en el blog o enviándolo a nuestro correo. ¿Aceptas el reto. ¿Crees que tu voz puede "transmitir"?. Será una experiencia que dará que hablar. Os esperamos.

Cada participante puede elegir cualquiera de las entradas del blog . También pueden enviarse varias, pero únicamente se valorarán aquéllas en las que la voz sea la protagonista. Recordad que en esta ocasión, es éste el sentido que protagoniza nuestro lanzamiento. Pronto crearemos nuevos eventos.


Recuerda que el evento ha de recoger un relato, poesía o sentimiento de nuestro blog. Aquélla de las entradas de nuestro blog que más te inspire, podrás elegirla para vestirla con tu voz y enviarla a nuestro correo mailto:delospoetasmuertos@gmail.com, colgarla en nuestro blog, en nuestra página de facebook, o en nuestro twuiter.


Para elegir una historia o relato pincha aquí

Para elegir una poesía o sentimiento pincha aquí

domingo, 17 de agosto de 2014

El orígen

Santiago de Compostela, ruela das ánimas

Por aquél entonces, los jóvenes estudiantes aprovechaban la ocasión que se les brindaba en ciertos foros ante la posibilidad de acudir a los estrenos de las películas que meses antes habían sido visionadas en otros países. El éxito que les precedía, aumentaba más si cabe, la ansiedad por ser partícipes de las historias contenidas en sus argumentos y la imperiosa necesidad de conocer y sumergirse en su esencia.

El club de lectura del Colegio, creado por iniciativa del teólogo toledano y subdirector del centro, había dado a conocer al reducido número de voluntarios en la actividad, los poemas de Walt Whitman sobre Abraham Lincolm y los versos de Robert Herrick, "recoged las rosas mientras podáis", expresión que algunos identificaban con el verso más antiguo, de Virgilio: "carpe diem". La idea de vivir el instante, el afán de aprovechar el momento o el "recoger la cosecha del día", siempre había sido consustancial a la juventud e incluso a la propia adolescencia; edades en las que apurar la vida, era una simple necesidad.

Por ello quizás, el estreno de aquella película marcó a toda una generación de jóvenes espectadores, no sólo por su mensaje de vivir a contracorriente, sino porque llegó en el momento justo en el que todas nuestras ideas preconcebidas sobre el mundo en el que vivíamos se venían abajo unas detrás de otras. Meses antes de que el muro de Berlín cayera, la idea de la aventura en busca de nuevos horizontes y nuevas perspectivas o el propio cuestionamiento del statu quo en el que se sumergía la película protagonizada por Robin Williams, encontraron el caldo de cultivo perfecto en aquéllos jóvenes universitarios Santiagueses, que encontraron en los sentimientos de Ethan Hawke o Robert Sean Leonard, y en las enseñanzas del profesor Keating, la esencia misma de las vidas que ellos mismos deseaban llegar a encontrar: vivir, sentir.

Fue el propio "caché" quien, a la salida del cine y entre las cervezas que amenizaron la tertulia sobre la película, propuso a sus contertulios fundar su particular Club de los poetas muertos. Hurgarían en la vida hasta encontrar la esencia de los sentimientos, hasta reinar libres, en el imperio de los sentidos.

Una máxima inquebrantable se impuso entre los fundadores; el secreto y el anonimato ante los ajenos a su nuevo mundo.

Aquella noche, en la ruela das ánimas, junto a la capilla del mismo nombre y frente a la iglesia de Santo Agostiño, entre los efluvios de un wisky barato sumergido en enormes jarras de cerveza, nació un club secreto y "caché", también conocido como "gepese" o "espectro", fue nombrado Capitán, al grito unánime de los presentes; ¡¡Oh, Capitán, mi Capitán¡¡.

“¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro viaje ha terminado;
el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, ganamos el premio que buscamos;
el puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante,
mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante:

Pero ¡Oh corazón!¡Corazón!¡Corazón!
oh, las lágrimas se tiñen de rojo,
mi Capitán está sobre la cubierta,
caído muerto y frío.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
levántate, izan la bandera por ti, por ti suenan las cornetas;
por ti ramos y cintas de coronas, por ti se amontonan en las orillas;
Por ti llama la influyente masa, giran sus rostros impacientes;

¡Aquí Capitán!¡Querido padre!
Este brazo bajo tu cabeza;
Es como un sueño sobre la cubierta,
Has caído muerto y frío.

Mi capitán no responde, sus labios están pálidos e inmóviles;
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad;
El barco está anclado sano y salvo, el viaje ha terminado y se ha hecho;
De un viaje temeroso, el barco triunfador, entra con su objetivo realizado;

Exultamos, ¡oh costas y tañidos, oh campanas!
Pero yo, con triste pisada
Camino en cubierta donde está mi Capitán

Caído muerto y frío.”

Santiago de Compostela, 25 de Julio; el tesoro de las cuatro sotas

Santiago de Compostela, 25 de Julio; el tesoro de las cuatro sotas

Noe caminó entre los frondosos árboles erguidos a ambos lados del paseo. Cruzó hacia la entrada a la zona vieja de la ciudad y tras recorrer la Rúa da Raiña, se adentró en la Plaza del Obradoiro, el centro monumental de la ciudad, en la que se según contaba la tradición, hacía siglos se albergaron los talleres de canteros que trabajaron en la construcción de la fachada barroca de la Catedral, que dominaba imponente la plaza dando la bienvenida a los peregrinos que llegaban por el milenario Camino de Santiago.

Las coordenadas del juego llevaron a Noe a uno de los laterales del Palacio de Raxoi, sede actual del Ayuntamiento, frente a la Catedral y al mismo tiempo custodiado por los edificios que cerraban la plaza; el Hostal de los Reyes Católicos, hoy parador nacional, en su día hospital de peregrinos y el Colegio de San Xerome, sede del rectorado de la Universidad.

Allí estaba Noe, frente a la manifestación arquitectónica de los principales símbolos de la vida de la capital gallega: la religión, la educación, el viajero y la Administración.

Sus últimos pasos la acercaron a la balconada lateral del Palacio, justo sobre las dependencias de la policía local y frente a la iglesia de San Fructuoso, decorada por las cuatro virtudes cardinales, aunque conocida por los lugareños, como la iglesia de "las cuatro sotas de la baraja".

La iglesia de "Las Angustias de Abajo", dedicada a San Fructuoso, asumió el nombre del obispo de Tarragona, que dicen fue víctima de la persecución orquestada por los emperadores Valeriano y Galieno, quienes hacia la segunda mitad del siglo III, ordenaron su martirio hasta la muerte. En su memoria, ya bien entrado el siglo XVIII y al típico estilo barroco compostelano, Lucas Ferro Caaveiro firmó el proyecto inicial de aquella obra monumental, frente a la que Noe se encontraba en aquel instante.

Noe consultó nuevamente las coordenadas marcadas por el GPS de su teléfono móvil y se cercioró de que se hallaba en el lugar exacto indicado por el juego.

Allí, bajo el suave sol de un 25 de Julio, siglos de historia la contemplaban al son de la música de las legendarias gaitas que, aprovechando la singular acústica del lugar, daban la bienvenida al día de la patria gallega.

No le costó mucho descubrir las cuatro virtudes que custodiaban el campanario.

Más tiempo le llevó localizar la escalofriante imagen de una calavera y el inquietante mensaje escondido en el muro sur de la capilla, a unos tres o cuatro metros de altura y en el que se leía:
"Ut video vidi. Sicut me videtis videtis"

Noe introdujo en Google la frase en latín y en un instante el enigma se transformó en un proverbio que ahora ya podía entender: "Como te ves, yo me vi. Como me ves, tú también te verás".
Ciertamente, sobrecogía.

No podría asegurar con certeza el tiempo que hubo de emplear en escudriñar con disimulo los entresijos de los muros y la balconada que se abría ante sí. Hubiera jurado que no fueron tantas, pero el reloj de su teléfono delataba que había necesitado cinco horas para encontrar entre los líquenes y el musgo de la oquedad del granito, lo que parecía el envase hermético de plástico negro de un carrete fotográfico de 35mm.


Lo había conseguido. Había descubierto su primer tesoro. Sólo le restaba firmar la bitácora, conocer el reto y: cumplirlo.

domingo, 3 de agosto de 2014

El juego

El juego

Cuando nació el Club, se decía que sus fundadores, además de cultivar el arte de la palabra, profesaban la pasión por el mundo de los juegos secretos, los tesoros escondidos y el mundo de la información, las matemáticas, los datos y la tecnología. En la ciudad corría el rumor de que un joven estudiante de ingeniería, amante del cálculo y de los versos de Neruda, compaginaba sus estudios con la idea de crear un juego de aventuras inspirado en el arte de ocultar secretos y la magia de descubrirlos.

Se decía que residió en un conocido Colegio Mayor Universitario de honda tradición Jesuita y de rancio abolengo en la historia estudiantil de la ciudad. Fue allí precisamente donde surgió la idea de crear en la vetusta y religiosa ciudad, un centro de computación capaz de proporcionar servicios avanzados a la incipiente comunidad científica de la Universidad, que por aquél entonces, comenzaba a surgir. Fue precisamente en esta residencia donde se gestó la idea de crear un centro de cálculo de altas prestaciones y que llegó a materializarse en lo que, en la actualidad, se conoce como CESGA o Centro de Supercomputación de Galicia.

Aquél joven estudiante, allá por 1993, fue uno de los desarrolladores del proyecto Finisterrae, que resultó en el primer supercomputador vectorial que permitía la ejecución de programas que demandaban gran cantidad de memoria Ram. Fue él mismo quien bautizó el proyecto, al descubrir que se precisarían 85 Km de cable para hacer operativa la instalación; curiosamente y por paradojas de la vida, la misma distancia que separaba Santiago de Compostela de Finisterre.

Había profundizado en la investigación de los métodos de almacenamiento de la memoria para una rápida recuperación posterior, por ello sus acólitos, acostumbraban a referirse al joven como “caché”. En otras ocasiones, utilizaban otro de los apodos con el que lo habían bautizado; “gepese”, por su interés en los dispositivos electrónicos de geolocalización y los métodos de determinación de la situación de un objeto en las coordenadas de Longitud y Latitud. Pero también era conocido en el Colegio Mayor como “el espectro”, por acostumbrar a recorrer por las noches, cuál fantasmal aparición, los pasillos de colores en los que se organizaba la residencia de la compañía de Jesús.

Cuando algún compañero de residencia utilizaba aquél apodo en un intento de mofarse de su persona, disfrutaba descolocando a su interlocutor con una referencia al término espectro en su concepto matemático, despachándose al comparar la burguesa ignorancia de quien pretendía insultarle con aquél alias, con el conjunto de valores para el que el operador no tiene inversa continua, en clara referencia a las verdaderas razones por las que “algunos” habían obtenido plaza en tan prestigioso centro, y que no eran otras, que el nombre y estatus familiar, frente a las virtudes académicas por las que él había logrado acceder a la institución.

Fue precisamente una visita al pueblo de Finisterre y al faro que coronaba el cabo más occidental del mundo conocido por los romanos, donde cuentan que la mente de aquél ingenioso estudiante ideó el juego de aventuras que bautizó con la concatenación de sus “alias”: geocahing.

La idea básica del juego consistía en que individuos y organizaciones de cualquier lugar del mundo, escondían tesoros o mensajes ocultos por todo el planeta y compartían las localizaciones de estos escondites publicando las coordenadas de su ubicación, en Internet.

Los demás jugadores y usuarios del juego o Geocachers debían enfrentarse a la búsqueda de del tesoro y una vez encontrado su escondite, su descubridor podría sorprenderse con la recompensa que podía acompañar el reto o disfrutar con la simple gloria de conseguir la hazaña. Una norma de cortesía entre los Geocachers aconsejaba que todo visitante que recogía algún testigo del tesoro oculto, contraía la obligación de depositar en su mismo lugar, algo a cambio, al tiempo que se dejaba constancia en el manuscrito que se escondía junto al tesoro, del alias o del usuario del jugador y la fecha del hallazgo, para ser compartido por futuros visitantes.

El conocer las coordenadas de la ubicación parecería desposeer al juego de toda eventual dificultad. Era aparentemente sencillo. Pero una cosa era conocer las coordenadas del lugar donde se encontraba el Tesoro, y otra bien diferente, era llegar hasta allí, y además aceptar el compromiso al que podía obligar el mensaje o el reto propuesto por quien decidió y eligió el lugar de su ocultación.

Noe sintió curiosidad, y situando su cursor en la parte central del texto, accedió al enlace en el que se ocultaban las reglas del juego:

“Las reglas son muy simples:
1. Coge algo del escondite
2. Deja algo en el escondite
3. Escribe sobre él en el Libro de Visitas o cuaderno de bitácora
4. Cumplir el reto

El lugar donde poner un tesoro depende de ti.
Picha aquí para leer el tutorial sobre cómo esconder tu primer tesoro.
Picha aquí para consultar tu nivel de acceso a los retos.
 
Nota. Algunos retos pueden afectar seriamente a los sentimientos y valores del jugador.
Si decide no continuar, su pasword y su usuario serán definitivamente eliminados. Recuerde su compromiso de mantener el secreto sobre este lugar.
Si decide continuar, será bajo su exclusiva responsabilidad. Bienvenidos al club de los poetas muertos.”

(…)

La red

La red

Laura conocía la forma de obtener información. Tenía sus propios contactos. No era la primera vez que se introducía en el submundo virtual de la red, ese mundo paralelo superpuesto a internet que garantizaba la privacidad y el anonimato online.

The Onion Router, más conocida como la red TOR, era utilizada por millones de personas, activistas políticos, investigadores, agencias de seguridad, periodistas e individuos que obtenían datos e información intercambiando archivos y documentos que no podrían obtenerse sin las garantías, no siempre lícitas, que proporcionaba la arquitectura de Tor.

Laura había conocido en una ciber conferencia a Spectrum, un conocido hacker con el que intimó virtualmente y al que, desde entonces, acudía cuando necesitaba cierta información que por sus cauces normales sería imposible de obtener.

Sabía por Spectrum que Tor ocultaba la dirección IP del usuario comprometido, a través de diferentes capas que se superponían entre sí, impidiendo de esta forma que alguien pudiera descubrir la conexión del informante.

Sin embargo, la aparente seguridad y privacidad que se obtenía con la multiplicación de capas o nodos en la configuración de una conexión, era al mismo tiempo, el punto débil de la red Tor.

Esa vulnerabilidad se basaba en el análisis estadístico de los paquetes de información y se rumoreaba que en la conferencia Black Hat, uno de los encuentros sobre ciberseguridad más importantes del mundo, se había fraguado un ataque a la red Tor para poner al descubierto la información y la identidad de los usuarios de la red.

En los suburbios virtuales de la red, Spectrum era una reconocida eminencia y pese a los intentos de no pocos investigadores en descubrir su identidad, jamás pudo ser desenmascarado.

Se decía que Spectrum había colaborado con los investigadores de la Universidad Carnegie Mellon y  desde entonces, los responsables de Tor, siempre barajaron la posibilidad de que los ataques orquestados contra su arquitectura, fuera el resultado de esa investigación. Tampoco descartaban que detrás de aquellos ataques hubiese alguna agencia gubernamental como la NSA o el GCHQ y era conocido por buenas fuentes, que Spectrum había obtenido suculentos ingresos extraordinarios por sus habilidades, que se cotizaban a muy buen precio en el mundo del mercado oculto de la información.

Se decía que en la red Tor, todas las conexiones entre nodos estaban cifradas y nadie podía conocer de dónde provenía la conexión.

El número de conexiones a la red Tor había aumentado espectacularmente tras las revelaciones de Edward Joseph Snowden, un consultor tecnológico norteamericano, informante y empleado de la CIA y de la NSA, que hizo públicos, a través de The Guardian y The Washington Post, documentos clasificados como alto secreto sobre varios programas de la NSA, incluyendo los programas de vigilancia masiva PRISM y XKeyscore.

El periódico británico The Guardian publicó en su día sobre Snowden, que era un apasionado de la privacidad y que colaboraba con organizaciones que apoyaban la libertad en internet, como la Electronic Frontier Foundation (EFF) y el proyecto Tor. Laura había leído en este periódico que Snowden dejó pocos rastros de sí mismo en el entorno virtual; «mínimos detalles sobre su familia», no dejó fotografías, ni actualizaciones de Facebook o Twitter «si es que tenía una cuenta», y ninguna relación con compañeros de la escuela secundaria, sin embargo, en su ordenador portátil, los investigadores encontraron una conversación cifrada con un conocido hacker español: Spectrum.

"... por mucho que presuman de que todas las conexiones entre nodos están cifradas y ninguno conoce de dónde proviene la conexión, si controlas un buen número de nodos teóricamente es posible inyectar un identificador a todos los paquetes que pasen por ellos y comprobar sus características para descubrir su origen y destino. Alalógicamente, el proceso sería similar a intentar averiguar el remitente y destinatario de una carta mediante signos exteriores como el tamaño del sobre, la frecuencia de envío y la caligrafía que lo identifica. Si tienes la mala suerte de que tu conexión haya pasado por dos nodos maliciosos sería fácil para un atacante conocer las características de los paquetes que envías regularmente y de ahí ir deduciendo poco a poco la identidad de la persona a la que buscas. Este análisis no se puede realizar en un período corto de tiempo y se necesitarían unos 6 meses para lograr una eficacia del 80% en un usuario único. Firmado: Spectrum".

Laura había leído sobre Spectrum y curiosamente, la fecha del archivo que contenía la conversación encontrada en el portátil de Snowden, coincidía entre el inicio y el fin del ataque reconocido por los desarrolladores de Tor en su blog oficial, en el que se vieron obligados a declarar:

"No sabemos cuánta información han guardado los atacantes, y por la manera en la que realizaron sus modificaciones... Es posible que hayan ayudado a otros atacantes a desanonimizar a más usuarios" reconocía Roger Dingledine, el creador del proyecto, de quien poco después, a pesar de manifestar en público que "habían aumentando las medidas de seguridad con la rotación de los nodos o la revisión constante de zonas críticas como los servidores de entrada"; nunca reconoció que, desde entonces, se rumoreaba que Spectrum había pasado a estar en nómina de la red.

Fuera como fuera, Spectrum siempre estaba en todos los avatares de la red y Laura, lo sabía. Sólo acudía a él en contadas ocasiones y aquella era una de esas en las que sólo él podía ayudarla a desenmarañar aquella intrincada madeja.

Laura utilizó el lápiz de labios, arregló su despeinado cabello con un ligero movimiento de manos y liberó el último botón de su blusa para dejar intuir un pícaro atisbo de su escote. Laura conecto su portátil, encendió la cámara web e introdujo su usuario y su pasword para entrar en la red. Pocos instantes después, alguien ejecutaba remotamente un software de chat online. En la pantalla de su portátil, fundida en negro, se abría una ventana con el mensaje: " ... cifrando conexión. Encriptación de datos en curso, Wait".

Por esas casualidades con las que en ocasiones nos sorprende la vida, el iPod de Laura reproducía el álbum de 1965 de The Beatles, "Rubber Soul", y curiosamente a través de sus cascos, sonaba la canción "Wait". Lennon escribió aquellos versos sobre su ansiedad mientras vivía alejado de su amante, la misma ansiedad con la que Laura esperaba la conexión con Spectrum. Laura sonrió y simplemente, esperó.

martes, 20 de mayo de 2014

El encargo

El encargo

Laura llevaba tiempo ocupándose del tema. Hubiera preferido cubrir la noticia del accidente, incluso por su repercusión, el asunto del asesinato le había parecido de mayor interés periodístico para la revista. Pero el equipo de redacción había decidido que aquellos asuntos se tratarían en el periódico, mientras que el tema de los productos financieros era más propio de un trabajo de investigación que de la crónica de sucesos, por lo que decidieron que se trataría en la revista semanal.

Cuando comenzó su investigación, el asunto no parecía tener mayor relevancia que la de una simple reclamación de afectados que luchaban, cuál David contra Goliat, por recuperar los ahorros de toda una vida, de las garras de la entidad bancaria de turno.

Sin embargo, Laura, a medida que profundizaba en el caso, intuía que había algo más, algo cuya pista acababa siempre de bruces en la antesala de lujosos despachos, lo que, sin duda, le invitaba a tirar del hilo.

Había comenzado su trabajo en los edificios del Juzgado. Decidió reunirse con la joven procuradora que representaba a los afectados. Era una mujer dinámica, simpática y dulce. Sorprendía que fuese capaz de mantener una conversación medianamente inteligible al tiempo que atendía el incansable teléfono móvil que, durante toda la entrevista, jamás dejó de sonar. Mientras recorrían los pasillos del moderno edificio, la joven despachaba con soltura las llamadas y las solicitudes de los funcionarios que reclamaban su atención sobre temas de lo más diverso. Sin embargo, la joven no parecía alterarse y respondía con amabilidad a cada una de sus preguntas.

Laura había averiguado el nombre del abogado que había aceptado llevar la causa al tribunal y supo, por la procuradora, que el asunto se encontraba en punto muerto. El Juez había decidido someter la cuestión a un equipo de expertos mediadores que intentarían encontrar una solución amistosa con la entidad financiera.

Sin embargo, Laura también descubrió que aquél no era el único asunto denunciado, que los casos se amontonaban, que el número de afectados crecía día a día y que surgían por toda la geografía.

No pudo evitar que un dato llamase su atención, en todos los casos parecía existir un denominador común; la entidad financiera y los nombres de quienes parecían partir todas las decisiones. En aquella historia había algo más y Laura decidió que tenía que investigarlo.

Antes de despedirse de la joven, había conseguido arrancar su compromiso de facilitarle una entrevista personal con los afectados y con su abogado. De una u otra forma, había que obtener datos y aquella le parecía la forma más eficaz y rigurosa de obtener información, acudiendo a la fuente, y no se equivocó.

Tras despedirse e intercambiarse los números de teléfono, Laura salió del edificio. Fuera hacía frío y llovía. El viento azotó su rostro y pronto su mente dejó de lado el motivo que la había llevado allí. Aún recordaba aquella noche. Lo cierto es que no podía dejar de pensar en ello, no podía evitarlo y la verdad es que le gustaba. Envío un mensaje desde su celular y montó en el taxi que acababa de llegar para recogerla.


(…)

domingo, 18 de mayo de 2014

Mil y una formas de amar

Mil y una formas de amar

Cuanto estando en Londres la Revista me propuso aquél artículo, no puedo ocultar que me sentí incómoda.

"No podemos negar, que ciertos tabús y esa tendencia natural de las personas a las etiquetas y clichés, nos invitan a generalizar e incluso a menospreciar todo cuánto se aparta de las rígidas formas y maneras de nuestra encasillada conducta.

Lo cierto es que lo que primero que se me antojó escribir fue, tomando prestada la idea de Manuel Gómez Pereira, ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?.

Aquella comedia, demasiado basada en equívocos sexuales y con un reparto por todos conocida, me invitó a reflexionar sobre si en ciertos ambientes, se compartía el amor o el sexo.

La natural e inexcusable tendencia del buen periodista a investigar y documentarse antes de publicar, me invitó a reflexionar y decidí que, antes de poner título a una historia, debería conocer las inquietudes y experiencias de algunos de sus protagonistas.

Me sorprendió y aún me sorprenden, algunos de los sentimientos, y digo bien, que incitan desde la oculta intimidad, a vivir experiencias, sin duda especiales".

... Mientras escribía su artículo, sonó el teléfono del despacho y antes de descolgar, percibió en el ambiente que en la redacción, algo estaba pasando.

Cartas de amor

Cartas de amor

No sabría elegir entre las dos cartas de amor que en cierta ocasión llegaron a mi poder, quizás deba ser el lector quien se pronuncie, aunque creo con sinceridad que sólo sus destinatarios pudieron encontrar el verdadero amor que se desprendían de sus palabras.
La primera se encontraba junto a una rosa, en el interior de un solitario sobre blanco junto a las vías muertas de una estación de tren. Decía:
"Vivió sintiendo
y sintió amando,
murió viviendo.
Sólo me queda...
sentir su muerte,
vivir sin ella,
vivir su ausencia,
amar por ella."

La segunda contenía tan sólo dos palabras, dos palabras escritas por mi propia pluma a solicitud de un anciano solitario que conocí en un pueblo sevillano. Tras contarme su desdicha por no saber, ni leer ni escribir, me imploró que depositara junto a la tumba de su mujer amada fallecida hacía 56 años, tan sólo dos palabras:

"Te quiero"


En mi última estancia en Sevilla supe que aquél anciano, ese mismo día, tras haberse despedido agradecido por mi compromiso, falleció. Ella se llamaba “Rocío”.


sábado, 17 de mayo de 2014

La ciudad

Sobre la mesa se amontonaban las vidas, las ideas, las historias sobre las que escribir. En una ciudad como aquella, siempre hubo poco que contar más allá de lo que ocurría fuera o de los chismes y rumores de los que vivían dentro. Sólo era noticia lo que ocurría fuera, lo que se contaba en el resto del país o lo que acontecía en el mundo. En la ciudad había muy pocas cosas de las que hablar y si algún ilustre personaje visitaba la ciudad o surgía algo simplemente distinto, se convertía en foco de atención y de repente, había algo que decir.

La ciudad no estaba acostumbrada a aquello. Podía ocurrir en América, podía leerse en la prensa o verse en las noticias de los informativos, pero que algo como aquello ocurriese allí mismo, donde vivían, donde paseaban, donde disfrutaban y trabajaban, en sus propias casas, en su ciudad; era algo, cuando menos, inimaginable.

La tranquilidad, el sosiego, incluso la monotonía, se convirtieron repentinamente en una añorada necesidad. La ciudad había cambiado. El robo, la corrupción, el accidente y ahora aquel horrendo crimen. La ciudad, ya no era la misma, la ciudad había cambiado.

Él

Era un hombre aparentemente tranquilo. Dicen que observador, reservado y culto. Lo cierto es que no mucha gente lo conocía, pero quien lo conocía prefería no hablar de él. Curioso ciertamente, pero la mujer que mejor lo conoció nunca habló de él porque siempre temió que se lo robasen. Realmente no pasaba desapercibido, alto, elegante, apuesto, de cuidada imagen, de trato fácil y correcta conversación, inteligente, astuto y en ocasiones mordaz. Hábil con la pluma y cuidadoso con el verbo, prefería escribir lo que pensaba a hablar sin pensar.

Decía que escribir, erar narrar, cantar en verso, pensar en voz baja, la ideal forma de contar historias y susurrar sentimientos. Escribir permitía meditar el cómo, el cuándo, el qué y a quién se dice, mientras que hablar, era una simple manifestación egoísta de buscar qué decir, aún cuando a nadie pueda interesar. Prefería escuchar a tomar la palabra, pero no era una persona sencilla de convencer y conseguir su atención se convertía en imposible si no existía un sentimiento detrás de lo que oía. 

En cierto modo era un hombre solitario aún cuando siempre estuviese rodeado de gente. Eran muy pocos los que se contaban como sus íntimos, incluso menos de los que se creían cercanos. Quien más cerca vivió con él, quien mejor podría hablar de él, llegó a dudar si realmente él sabría cómo era.


Advertidos quedáis

Advertidos quedáis.

En este lugar cantamos en verso y contamos en prosa, pero las historias que os narramos, aún cuando pudieran basarse en la realidad, son únicamente fruto de nuestra imaginación y si alguno de nuestros personajes o narradores pudieran recordaros a alguien afín, no lo dudéis, son irreales, son ficticios, nacen como la historia, de nuestra imaginación ¿o no?.


Alto peligro, aquí se escribe, se siente, se vive.
ATENCIÓN: Alto peligro, aquí se escribe, se siente, se vive.

domingo, 11 de mayo de 2014

Almas

Almas

Sus ojos verdes se ocultaban tras el tejido en twill de seda. La suavidad de su tacto escondía la intimidad de su cuerpo desnudo a su mirada. Sentía los 200 hilos de las sábanas y las mullidas plumas sobre las que se abandonaba. 

Percibía la oscuridad de la noche, los rincones mágicos de Sevilla, la fragancia de sus calles, el aroma del rocío en las flores.

Disfrutaba de las formas, de la luz, de las transparencias y de los movimientos de las sombras.

Descubrió su tacto y sus íntimos aromas, la presión, el calor y el frio de sus manos, la suavidad de su piel y el sabor de sus labios, su contacto, sus caricias, sus besos.

Abrió su cuerpo a los placeres y la mente a sus íntimos deseos.

Sintió su cuerpo, sintió dentro su alma. Se dejó poseer para compartir su esencia y lo sintió en ella.
...



A su lado, cuando sus ojos ya pudieron ver, Laura latía desnuda abandonada al sueño de los placeres vividos aquella noche. Noe la besó agradeciendo sus encantos. Él las contemplaba en la distancia desde el rincón, sentado en la silla de madera oscura.

Hermés

Hermés

Tumbada sobre el diván, apuró una última bocanada de su intimidad.

Noe rasgó con suavidad el elegante papel de regalo y sintió el ligero roce de la insinuación. Era un pañuelo "Hermés" en twill de seda, con su dobladillo hecho a mano. El hilo de seda presentaba un urdido en diagonal. La seda natural, daba al tejido un toque brillante, suave, liviano, flexible y sólido a la vez. Tenía un precioso estampado y su elegante combinación de colores claros, convertían aquella prenda en una pieza delicada, perfecta para cualquier situación, pero sin duda ideal para una noche de sensaciones íntimas.

Percibió por un instante la sensación de su tacto y la fragancia íntima que desprendía le insinuó la idea de ocultar en él su mirada.

Leyó la nota oculta del sobre en el que aparecía escrito en tinta azul, su nombre.

“Tus ojos no podrán mirar, pero tus sentidos verán las sombras de la lujuria y sentirás la atracción de los cuerpos, el deseo desordenado e incontrolable de compartir tu pasión.
No me verás, pero me sentirás en ella.”

Suite Torreón. A las 24 horas.

La suite

La suite

La suite contaba con tres habitaciones independientes y estaba decorada al más puro estilo andaluz. El dormitorio estaba presidido por una cama de “The Luxury Collection” vestida con sábanas de 200 hilos, mullidos edredones de plumas y una selección de almohadas que invitaban a innumerables juegos ocultos. El cabecero, los sofás y los sillones, de cuero gris y marrón, estaban embellecidos con aplicaciones metálicas que recordaban a las sillas de montar. El escritorio y la silla, de madera oscura de estilo español, permitían desde su rincón, contemplar con comodidad toda la estancia.

A través de las ventanas de cristal emplomado se veía una amplia terraza privada de dos niveles desde la que se apreciaban unas vistas hermosas de la ciudad, especialmente cuanto la luz artificial adornaba la oscuridad de la noche. Invitaba a salir al aire libre y disfrutar de las espectaculares vistas de Sevilla. En el nivel superior, una magnífica cúpula de estilo mudéjar pintada a mano, descansaba sobre altas columnas de mármol y elegantes arcos convirtiendo aquel espacio en un lugar ideal para imaginar una noche cómplice y erótica. Abajo, en el nivel inferior, las tumbonas y los muebles de mimbre se disponían en una perfecta armonía para disfrutar del sol y broncear la piel, ocultos a las miradas ajenas.

Los baños contaban con detalles exquisitos como lavabos de mármol, artículos de cortesía de alta gama, un espejo con brazo articulado, jacuzzi con sistema de hidromasaje y griferías irresistibles que invitaban a jugar con sus formas y las infinitas posibilidades de controlar su caudal. 

Era un capricho, era un espacio high class, un lugar perfecto para aquella noche.

El imperio de los sentidos; mis sensaciones, mis percepciones.

El imperio de los sentidos; mis sensaciones, mis percepciones.

A veces pienso que el mundo se ha convertido en algo simplemente material, superficial, superfluo, quizás real, pero cada vez menos sustancial. Y digo quizás real, porque en ocasiones creo, que hoy, en la era de la virtualidad, ya no sabemos distinguir lo real de lo irreal. Por eso, precisamente por eso, aprender con él a conocer la esencia de las sensaciones me ha permitido ver, oír, oler, tocar y saborear la vida; sentir, vivir.

Mis sentidos han recibido las formas de la naturaleza, de las cosas y de las personas, pero nunca había reparado en su materia, su verdadera esencia.

Las sensaciones me han permitido comunicarme con las personas y con las cosas que siempre han estado ahí, a mi lado o en la distancia. He aprendido a jugar con las percepciones, con los estímulos, con las respuestas y las reacciones. He aprendido a dominar el proceso con el que organizar, interpretar y dominar la información prestada por mis sentidos para experimentar con las sensaciones y convertirlas en sueños.
Las sensaciones dependen de los caracteres sensibles de las cosas, pero también de las circunstancias de quien las siente. Jugar con las sensaciones me ha permitido conocer lo real, captar las cosas exteriores, conocerlas y cuando las he dominado, he sentido mi sensación sobre ellas, he dominado mi estado afectivo.

La sensación es un fenómeno innato; no se aprende a recibir sensaciones, pero sí a jugar con ellas. La intensidad de las sensaciones depende de la fuerza de los estímulos y viajar al umbral de la consciencia de las sensaciones, nos permite alternar entre la levedad de una caricia y el orgasmo infinito de las percepciones.

Sentir es maravilloso, pero percibir es, simplemente, mágico. La percepción, es saber leer las sensaciones, interpretarlas mediante las experiencias y los recuerdos. Las sensaciones se convierten en percepción cuando significan algo para las personas. Aprender, pensar, sentir, recordar, asociar, abstraer, juzgar, idear, imaginar... imaginar, imaginar, imaginar: vivir.
¿Habéis jugado alguna vez con las sensaciones?, ¿habéis vivido alguna vez?, yo sí, intensamente. He jugado con los estímulos, los sentidos, las reacciones, las percepciones y la excitación y al fin, he conocido; el imperio de los sentidos.


Aquella noche me susurró entre las sombras: “te privaré de los sentidos y sin rozarte, me sentirás dentro”… y entró en mi alma.

(...)

sábado, 10 de mayo de 2014

El imperio de los sentidos; mis ojos

El imperio de los sentidos; mis ojos

"Las imágenes visuales que desde niña me han cautivado por su color, su forma, por la distancia, por su disposición o por el simple movimiento de cuánto observaba, nunca me habían dejado pensar que la verdadera belleza no estaba en lo que veía, sino en cómo lo observaba, como lo percibía y, más aún, por su verdadera esencia cuando mis ojos ya no las miraban.

Siempre supe que tenía unos hermosos ojos verdes, pero hasta que le conocí no supe que no veía. Ahora disfruto de las formas, de las simetrías, de la percepción de la luz, de las transparencias y de las opacidades, incluso de los suaves y aterciopelados movimientos de las sombras.

Sólo ahora sé que la mácula lútea me permite, más que ver, descubrir los sensoriales mundos que se asoman o se esconden en las personas y en sus almas y que mis cejas y mis párpados me protegen de las excelsas, falsas y ruines imágenes que nos venden desde el mundo de las formas.

Ahora siento sin embalajes la verdadera pureza de los sentidos, de los sentimientos y de la luz. No busquéis el volumen, la forma, el color, el tamaño y las aparentes cualidades de las personas. Aprended, como lo hice yo, a cerrar los ojos para ver, para sentir y disfrutar de la compañía y de la soledad, de la pasión por sentir vuestra propia intimidad. Probad a cerrar los ojos. Dejad por un instante de mirar. Mostraros como sois y acariciad vuestra verdadera alma, descubriréis el infinito orgasmo de ver y sentir cuando los ojos dejan de mirar."

Cuentan que Johann Wolfgang Goethe dijo una vez que "Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar". Yo, creo que pensar en mirar es bello, pero saber sentir, te hace ver de verdad.
(…)

El imperio de los sentidos; mi piel

El imperio de los sentidos; mi piel

“Siempre me he sentido una mujer sensible, pero sólo con él he descubierto el poder de los sentidos, el dominio de sus poderes y la experiencia de disfrutar la privación de sus percepciones al tiempo que se rinden a los deseos de recuperarlos.

Cuando me creía un ser sensible, no sabía que sólo significaba ser consciente. Cuando me mostró que la percepción de un sentimiento la dominaba mi mente, comencé a descubrir el imperio de los sentidos. Resulto hermoso descubrir que mi mente no vivía en mi cabeza, sino que viajaba por todo mi cuerpo en caravanas de hormonas y enzimas, a través de mi piel, mi boca, mi nariz, mis oídos y mis ojos.

He descubierto su tacto sólo cuando él me ha mostrado el dominio del mío. Resulta increíble percibir, sin el privilegio de las imágenes, los sonidos y los aromas, la presión, el calor, el frio, la textura, la aspereza, la dureza o la suavidad de las formas que rozan nuestra piel. Adoro sentir mi piel activando sus estímulos para transformar las sensaciones en información interpretable, aunque la consciencia de no saber, hace más sensual el momento. Con él he aprendido que es mi mente la parte que gobierna mi tacto pero es su mente la que domina mis deseos.

Descubrí con él que puedo vivir sin ver, sin oír y sin degustar los sabores o percibir las fragancias, pero jamás podría sentir sin mi piel, sin su piel, sin su contacto. Me enseñó las mil y una formas de convertir mis noches y mi soledad en la delicadeza sinfónica de una caricia y la incansable necesidad de encontrar las, hasta entonces, ocultas zonas erógenas de mi alma. Sólo ahora sé que la vida tiene profundidad y contorno, formas, pesos y texturas pero que sin él, la vida no existe y los sueños no se viven. Cuando mis labios no encuentran los suyos y su ausencia convierte en fría mi soledad, mi cuerpo se comprime y mi corazón descubre esa extraña sensación de dolor. Cuando siento dolor, responde mi cuerpo entero, pero es mi alma la que siente su ausencia y mi piel la que grita que vuelva.” (…)

El preludio

El preludio

Noe recogió su tarjeta magnética en la recepción del hotel. Mientras la amable recepcionista registraba su entrada e introducía sus datos personales en el "cardex", no puedo evitar sentirse observada, vigilada, como si todos cuantos la contemplaban supiesen la verdadera razón que la había llevado allí.

Acariciaba con cierta ansiedad la banda magnética de aquella tarjeta, como intentando borrar los datos que delataban su presencia. Es curioso que pocas personas conocen los datos que ocultan tan insignificante trocito de plástico. Nombre, apellidos, domicilio del huésped, su identificación, entradas y salidas, número de tarjeta de crédito, datos bancarios; en fin, la vida íntima de quien se hospeda en un hotel. En cierto modo, Noe se sentía incómoda pensando en que toda aquella información estaba en manos de todo el personal del establecimiento que tenía acceso al scanner del hotel y que con frecuencia no se eliminaba tras el check out.

Fuera como fuera, su desasosiego era superado por la curiosidad que la había tenido intrigada toda la velada. Ansiaba encontrarse a solas en su habitación, despojarse de sus miedos y descubrir los misterios de aquella cita. Sólo recordar los pasajes de su ingreso en el club, la hacían querer volver a sentir aquellas experiencias una vez más.

Noe entró en la habitación, introdujo su tarjeta en el mecanismo situado en la parte posterior de la puerta de entrada y el código oculto de su banda magnética iluminó la estancia. Se sintió aliviada, se sintió segura. Percibía una agradable fragancia a rosas y el suave aire freso condensado por el sistema de refrigeración le recordó la brisa de su Donosti natal.

Suspiró profundamente. Sus labios dibujaron una sonrisa cómplice y se acercó al escritorio. Sobre él, posaban majestuosas doce rosas rojas, una sorpresa envuelta en elegante papel de regalo y una nota oculta en un sobre en el que aparecía escrito en tinta azul, su nombre. 

Sus desvelos se apaciguaban, sus miedos desaparecían, se desvanecían sus temores pero crecían sus ansias, sus deseos de saber más, sus anhelos por una noche más, por sentirse acariciada, poseída, compartida. No tardó en descubrirse envuelta en la soledad íntima de su habitación. Su mente viajaba a momentos pasados, a los secretos de sus vivencias recientes, a la sensualidad de sus encuentros, al mágico roce de sus suspiros y a las imágenes de las experiencias consumadas. Su cuerpo se entregó al suave roce de sus dedos consumiendo la insoportable levedad del tiempo que faltaba para su anunciado encuentro.

(...)